Los
artefactos son considerados como simples herramientas que le sirven de utilidad
a los seres humanos para satisfacer sus necesidades, no se les considera con
atribuciones de algún tipo, sino sólo objetos. No obstante estos tienen
capacidad de agencia como lo plantea Latour, sin embargo el análisis es que
propone Langdon Winner permite pensarlos en términos de política y de poder,
para lo cual parte de dos posturas.
La
primera tiene que ver con que los objetos son diseñados con fines que van más
allá de su verdadera utilidad y en realidad parten de esquemas que segmentan a
las personas y son profundamente inequitativos, no obstante esa finalidad no es
perceptible por todas las personas sino que sólo se reproduce un esquema de control
por parte de los creadores o ejecutores y de ceguera por parte de los
receptores. Algunos ejemplos de esto son los medios de comunicación o las
tecnologías a las que no todos acceden.
Por
otra parte, otra manera en la que los objetos presentan un tipo de política, es
la manera en cómo los estructuran los seres humanos y las concepciones que se
tienen sobre ellos, es decir, la especialización o la utilización de objetos
con la finalidad explícita de limitar los derechos civiles o la libertad.
Ambas
ideas apuntan a que efectivamente, los artefactos tienen política y generan constantes
relaciones de poder, las cuales no pueden ser omitidas u obviadas pues son
importantes referentes de cómo se utiliza la tecnología con el fin de ayudar o
perjudicar a los seres humanos, pues más allá de pensar los objetos solos, el
relacionarlos con los fines personales lleva a reflexionar sobre las
implicaciones en la vida social que pueden tener.

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